VIDAS ESCAPARATES

Hoy, más que nunca, es más fácil vernos a través de una pantalla que en persona, nuestra vida la transformamos en un inmenso escaparate.

Pasamos más tiempo observando, que viendo, comentando, que hablando, mostrando, que conociendo.

Las redes sociales son los lugares de reunión, abiertas las 24 horas del día los 365 días del año.

Por supuesto no vamos a negar su utilidad, el acercamiento, la posibilidad de conocer y ampliar horizontes, pero en esta ocasión queremos reflexionar sobre su peligro más invisible.

En primer lugar las redes sociales se están convirtiendo en nuestro primer lugar de encuentro lo que por lo tanto lleva a que sean las redes las que marquen qué está bien, qué está mal, qué se espera de nosotros o cómo tenemos que ser y mostrarnos para ser aceptados.

Se usa la palabra amigo indiscriminadamente y no hay que olvidarse que la palabra amistad tiene una profundidad y una importancia afectiva de la que se está desprendiendo en este sentido.

La soledad es dolorosa, triste, y lo es más aún cuando creo tener 500 amigos y no encontrar a alguien que esté de verdad para mí. Eso conlleva el peligro de plantearse que algo malo tiene que estar en mi.

Tomamos las redes como reflejo del mundo y no es así, son el escaparate del mundo, es decir, se muestra lo que se quiere mostrar, ya sea mejor o peor realmente hay una intencionalidad en el que muestra, quiere que eso tenga un impacto.

Y como en todos los escaparates por supuesto el lujo y la belleza suelen mandar, un lujo y belleza de la apariencia, que no nos dicen nada de la persona y a la vez nos lo hacen creer y querer todo.

Tendencias, seguidores, retos… son palabras que estratifican a las personas, que las dividen en mejores o peores. Y una red social no debería dividir, ni perseguir la afinidad a través del querer ser como el otro.

Nos hace necesitar el gustar a los demás, lo que crea un vacío que no sé llenar por mi mismo/a.

Nos hace creer que lo importante es cómo te vean, que hay que luchar por gustar a la gente o que hay que competir por tener seguidores.

Pero el ser persona no tiene que ver con actuar para los demás, el bienestar de uno mismo no debe depender de la forma en que me expongo.

La vida escaparate atrapa de tal manera que cuando te quieras dar cuenta, igual ya no saber cómo escaparte.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

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