EL PELIGRO DE LLEGAR A LAS METAS

La vida es una constante de etapas, unas duran más, otras menos, unas comienzan y finalizan de forma natural y armónica, otras pueden hacerlo de forma abrupta y dolorosa.

El tener metas, el ponerse objetivos, es algo que nos ayuda a caminar en una dirección y con una motivación.

El hombre en busca de sentido, de Victor Frankl, aparte de ser un testimonio único de lo que pasó en los campos de concentración nazis, es una llamada a no perder lo que nos sostiene en la vida, el sentido que le damos a ella.

Hay un peligro, sin embargo, en todo esto y no es otra cosa que el llegar a conseguir nuestras metas u objetivos. El llegar a ellos, a tener aquello por lo que tanto nos hemos tenido que esforzar y sacrificar, aquello que nos ha hecho pasar por momentos duros y también fantásticos conlleva un final.

Si el hecho de un final no lo acompañamos por un principio, si el llegar a donde queríamos no lo acompañamos de un siguiente destino, si el cierre de una etapa no nos hacer ver qué otras tenemos en nuestra vida o se abren de ahora en adelante, el final puede ser terreno de desamparo y soledad.

La vida es un continuo de tiempo, situaciones, decisiones, sensaciones… no hay un final en nuestra vida más que el que llega cuando la muerte viene a acompañarnos a nuestro último destino. Es por ello que en vida el poner finales y creer que tras ellos no va a venir nada después puede llevarnos a un engaño doloroso.

Disfruta el comienzo, saborea el camino y dale a cada final un nuevo sentido de principio.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo, Psicoterapeuta Humanista.

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